12 junio, 2011

Lo que importa


Debate Republicano publica el texto aparecido en el último número de Cuadernos Republicanos sobre la última obra de Antonio García-Trevijano. En estos momentos conviene centrarse  en los asuntos que verdaderamente importan.



LA TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA, DE ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO

La reciente aparición de Teoría Pura de la República ha sido el principal acontecimiento cultural del invierno de 2010-2011. Y casi me atrevería a decir que ha sido también el principal hecho republicano en esos últimos años, al menos en el ámbito de la teoría. Si bien, a este respecto, debe señalarse que la importancia teórica de esta obra desborda completamente el marco estricto del republicanismo, para situarse en el centro del mejor pensamiento político actual respecto a los grandes problemas de nuestro tiempo. Una posición central, por cuanto encara el análisis de la gravísima crisis política que se cierne sobre España y Europa en estos años primeros del siglo XXI.       

Y es que casi parecería que nada, absolutamente nada en esta originalísima obra, fuera casual.

En la portada, la reproducción de un clásico de la pintura flamenca del siglo XVI, el cuadro de Martín de Vos el “Rapto de Europa” (óleo sobre tabla de roble), que forma parte de la colección permanente de una de las más importantes pinacotecas de España. Se trata del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Es éste un museo realmente magnífico, lo que es más que notable ya que no carece de mérito ser un museo importante en pintura y escultura en un país como el nuestro, en el que se encuentra el Museo del Prado, con cuya sede, por cierto, guarda un sensible parecido el edificio del bilbaíno.

El cuadro procede de una donación de D. Horacio Echevarrieta (1870-1963) al museo de la Villa del Nervión, en 1919. Fue éste singular personaje un notable empresario de estirpe y tendencias republicanas. Su padre fue uno de los firmantes, en 1869, en Éibar, del Pacto Federal, en representación de Vizcaya. Y él mismo ganó en 1910 un escaño de diputado en Cortes por esa misma demarcación, dentro de la Conjunción Republicano-Socialista. Y mantuvo la condición de diputado hasta 1918, si bien en los últimos años en las filas del Partido Republicano Radical. Pero D. Horacio fue también el creador de “Iberia Líneas Aéreas” (1927), que le fue expropiada en 1944. Y fue el constructor del buque escuela de la Armada Española “Juan Sebastián Elcano”, o el creador del “Submarino E-1” (antecesor de los célebres U-Boot alemanes de la Segunda Guerra Mundial), con el que se arruinó. Y también fue el negociador de la liberación de los prisioneros españoles capturados en 1921, tras el desastre de Annual (Marruecos), rescate en el que se gastó de su bolsillo 5.000.000 de pesetas de las de entonces. Y fue muchas cosas más. Defraudado por los republicanos de 1931, y depurado por el franquismo, murió pobre y olvidado en Baracaldo, en 1963.

El rapto de Europa es, igualmente, uno de los grandes temas clásicos de la mitología griega que ha sido representado muchísimas veces en vasijas, vasos, mosaicos y cuadros. Tiziano, Rembrandt, Rubens, Veronés, Luca Giordano, François Boucher, Gustave Moreau, Picasso, Botero, y un largo etc., así como el citado Martín de Vos, lo usaron en sus composiciones pictóricas como motivo. Europa, hija de los reyes de Sidón (Fenicia), secuestrada por Zeus transfigurado en toro para enmascararse, es transportada a Creta. Allí, de su unión con el Padre de los Dioses, nacerían Minos, Sarpedón y Radamantes, según se cita en los fragmentos de Hesiodo, en la Ilíada, o en la Historia de Herodoto, textos todos ellos en los que se menciona el mito, si bien con variaciones, Posteriormente, el mito sería recreado por el romano Ovidio en las Metamorfosis, y dejó rastros en la Eneida de Virgilio, y en la Divina Comedia de Dante. La Europa de la mitología, al igual que nuestra Europa actual, que toma su nombre de la consagrada por el mito, también fue víctima de un secuestro.

Antonio García-Trevijano Forte nació en Granada, el 18 de julio de 1927. Su presencia activa en la política española data de los años 60’ del pasado siglo, en los que se reveló como un demócrata antifranquista en los ambientes de oposición a la dictadura, en los que pronto destacó por su energía y por su gran capacidad para el análisis y para la acción. Es también un republicano de estirpe y de tendencia. Pero es, sobre todo, un republicano confeso y convicto y, mucho más aún, es un republicano de convicciones y de ideas. De grandes ideas y de grandes ideales. Hijo de Registrador de la Propiedad ganó las oposiciones de Notario, una profesión apacible y respetable a la que su carácter rebelde le llevaría a renunciar en 1960, para dedicarse desde entonces al ejercicio de la abogacía y a su gran pasión, la política.

En 1968 fue el artífice de la comparecencia en Madrid de Jean-Jacques Servan-Schreiber, el gran oponente en Francia al “gaullismo”, lo que le valió el ser reconocido en los ambientes de oposición a la dictadura franquista. Seis años después, en 1974, organizó la Junta Democrática de España, integrando en la misma a los principales grupos contrarios al régimen de Franco, siendo elegido Coordinador de la misma, en reconocimiento al notorio liderazgo que ejercía en los medios de la oposición democrática. En esa condición  compareció ante el Parlamento Europeo de Estrasburgo para presentar en Europa a la principal organización antifranquista, en los momentos en que la dictadura se tambaleaba para finalmente caer. En 1976, en un paso más, se convirtió en el líder de la ruptura democrática para España, al conseguir la integración de la Junta Democrática con la Plataforma de Convergencia, uniendo así a toda la oposición antifranquista, y siendo elegido Coordinador de la nueva entidad.

Pero la salida de la dictadura española no siguió el camino de la ruptura democrática, sino la senda de la reforma interna del franquismo. Y en esa tesitura, García-Trevijano se vio primero abandonado y después traicionado, por los mismos partidos políticos que hasta entonces lo habían reconocido como su principal líder. El final de aquella historia es bien conocido. El régimen de la Transición sucedió al régimen de Franco con el heredero del dictador, el rey Juan Carlos, como cabeza visible de la nueva situación. García-Trevijano recibió los mayores denuestos, descalificaciones, injurias y agresiones, siendo incluso encarcelado para facilitar los pactos de la reforma política, y la monarquía parlamentaria se asentó para largos años con la Constitución de 1978. Fue hace unos 35 años. Yo lo vi y lo viví.

Y, sin embargo, García-Trevijano fue capaz de sobreponerse a tan durísima prueba. Derrotado, pero no vencido, mantuvo la cabeza serena y volvió a retomar el comienzo de la obra perdida, en lo que ya luego ha sido la obra de toda su vida. Perdió, sí, pero no por ello dejó de lanzarse de nuevo valientemente a la pelea, sin importarle para nada lo que había sido y lo que ahora era. Más curtido, experto y sabio, siguió participando activamente en casi todas las iniciativas de denuncia de la corrupción subyacente a la reforma franquista de Suarez, y en el desenmascaramiento de la acrecentada corrupción y de las prácticas autoritarias de los gobiernos socialistas de Felipe González (1982-1996).

Y poco a poco, sin abandonar nunca el activismo propio de su compromiso democrático, el veterano militante antifranquista se alzó también como un pensador político de la mayor altura. Dos grandes obras, como lo son El Discurso de la República y Frente a la Gran Mentira, así como otras más, alguna de ellas dedicadas a su otra gran pasión, el arte, le han catapultado a la primera línea del pensamiento político actual, en el que destaca principalmente por su teorización de la libertad política, de la democracia formal y de la República Constitucional, en casi todas sus obras pero, muy especialmente, en la que sirve de inspiración a este breve comentario, Teoría Pura de la República. Y es que el García-Trevijano mayor, en edad y en talento, a pesar de haber sido situado oficialmente en el papel de gran outsider de la política del presente, ha sido capaz por la propia fuerza de su intelecto y la fortaleza de su ideario democrático, de sembrar en la octava década de su vida, en el centro de la modernidad tecnológica y conceptual que es internet, una semilla de republicanismo que empieza a cosechar muchos nuevos seguidores, a los que se suman quienes conociéndolo nunca le habían olvidado.       

La última obra de Antonio García-Trevijano, Teoría Pura de la República, está subdividida en tres libros, dedicados, respectivamente a la actualidad de la Revolución Francesa, el primero, al Factor Republicano, el segundo, y a la Teoría Pura de la República propiamente dicha y a la República Constitucional, el tercero. Y en portada, como ya se ha comentado, la Europa víctima de su primer secuestro.

Pero ¿qué puede significar que Europa ha sido secuestrada?, ¿en qué sentido lo fue?, ¿cuándo y cómo fue secuestrada Europa?

La estirpe nacida del Zeus-Tauro y Europa tras el rapto de ésta daría lugar, como expiación por el pecado, a un linaje monstruoso y atormentado, el del Minotauro. Y de análogo modo, en castigo por la mistificación realizada, la gran revolución europea de referencia universal, la Revolución Francesa, daría  finalmente un fruto también monstruoso, el bonapartismo, progresismo para necios y liberalismo de especuladores y arribistas. Y, peor aún, con el tiempo crearía un linaje mayor torturado y torturador, el linaje totalitario de los nacionalismos y de las pasiones del igualitarismo, hipostasiadas en la Revolución Rusa de 1917, así como el linaje ni menor, ni menos angustioso y liberticida, de la partitocracia.

Una gran falsedad, una mascarada como la de Zeus trasmutado en toro, subyace a toda la historia política del continente europeo posterior a la Revolución Francesa de 1789. Una impostura para eludir la libertad política.

Muchas veces hemos visto, leído o escuchado un latiguillo que declara con impostada solemnidad el gran embuste de que “la Revolución Francesa” abrió al mundo los anchos caminos de la libertad. No, no fue así. Si se me apura, incluso afirmaré que fue justo todo lo contrario. Porque la francesa no fue ni la primera ni la única de las revoluciones modernas por la libertad y, además, la Revolución Francesa fracasó, y lo hizo del modo más completo posible. Porque la Revolución Francesa, pese a la muy abundante mitología en la que se la ha envuelto, no ha sido la más genuina expresión de las revoluciones por la libertad, aunque sí que ha sido, probablemente, la más publicitada de todas ellas. Y es que sus dramáticos perfiles, las trágicas alternativas de su desarrollo y la muerte sangrienta de muchos de sus protagonistas, nos siguen impresionando todavía hoy. Pero vistos los hechos más de cerca, y tras el espléndido análisis realizado por García-Trevijano en la primer parte de este libro, se aprecian perfectamente las dos notas indicadas: ni fue la primera revolución moderna, ni el éxito revolucionario es la nota característica que podemos atribuir al proceso iniciado en 1789.

La francesa no fue la primera Revolución por la libertad en los tiempos modernos La importancia de la Revolución Francesa no estuvo tanto en que fuese el inicio de la moderna libertad, sino que está en que significó la destrucción del Antiguo Régimen en Europa. Tras la Revolución, nada pudo volver a ser como antes, en ninguna parte, a causa del destrozo producido, no porque se hubiese avanzado gran cosa en cuanto a la libertad y a la democracia. De hecho ni siquiera se puede considerar seriamente que los revolucionarios franceses se planteasen la instauración de la libertad y la democracia como su gran objetivo. En realidad, la gran finalidad de la revolución, para la casi totalidad de los dirigentes revolucionarios que la lideraron, no fue otra que la limitación del despotismo. Como podemos apreciar en los discursos y obras de sus protagonistas, como Sieyès, Mirabeau, Danton, Saint-Just, Robespierre y otros, el gran objetivo de la Revolución era arrancar al monarca absoluto la mayor parte de las competencias legislativas, limitando así su despotismo. Pero no fue su objetivo el establecimiento de una libertad de la que recelaban prácticamente todos.

La Revolución Francesa fue una Revolución fallida que fracasó. Esto no es una objeción crítica o negativa. Sólo es una objetivación, por desmitificadora que pueda parecer. En general, la mayor parte de las revoluciones habidas en el mundo moderno en Europa y América, han sido revoluciones que terminaron fracasando, excepto una. Y la Revolución de 1789, en Francia, consistió en cambiar el débil despotismo de Luis XVI por la dictadura imperial de Napoleón, pasando para ello por el pantano sangriento de la dictadura jacobina y la colosal corrupción del Directorio, para recaer, de nuevo, en el despotismo atenuado de Luis XVIII, en 1815. Y es que, si grave fue el pecado de Napoleón de alzarse al poder apoyándose en la fuerza de las bayonetas, peor había sido el crimen de Robespierre, al pretender nada menos que elevarse a sí mismo a los altares (Michelet).

El inicio de la libertad política moderna en el ámbito de lo real, donde ha de situarse es en la Revolución Americana (1776). Una revolución que inspiró todas las revoluciones subsiguientes, incluida la Revolución Francesa y que, a diferencia de las revoluciones anteriores y posteriores, si que fue una revolución triunfante y logró establecer, no sólo un sistema de libertad bien asentada, sino que también supo crear la primera democracia moderna, fundando un régimen de libertad que aún pervive. Una revolución capaz de triunfar sobre el gran escollo en el que quedaron varadas las Revoluciones  Inglesas del siglo XVII, y en el que se hundieron las revoluciones europeas del siglo XIX: el escollo de la tiranía parlamentaria.

Sin embargo, en España, y en general en Europa, se ha dado a la Revolución Francesa una relevancia fundacional que no posee, y que sólo ha servido para producir severas distorsiones en la comprensión de lo que es un proceso de liberación y de avance de la democracia. Una distorsión que ha llevado a muchos a los extravíos más considerables. El más grave de ellos ha sido, seguramente, el de considerar al parlamentarismo más extremo, aliñado con sistemas electorales proporcionales de listas de partido -abiertas o cerradas, ¿qué mas da?-, como el non plus ultra de la democracia y de la libertad política. Europa ha quedado prisionera tras el secuestro intelectual padecido por la atribución a la Revolución Francesa de efectos fundantes de la libertad, y tras el secuestro material padecido a manos de un parlamentarismo despótico que niega la separación de poderes, elude la representación de los ciudadanos en los poderes del Estado, e impide la libertad política.

En la base de ese extravío, un gran embuste, una falsificación descarada y absurda situada en un momento trascendental de ese otro gran mito que es la Revolución Francesa. La mascarada de Zeus transformado en toro posee la grandeza lírica que las mentiras de la política europea contemporánea no alcanzan. Zeus, al menos, se dejó arrastrar por una pasión arrebatadora, como el amor. Por el contrario, los asamblearios franceses de 1791, lo hicieron por el cálculo interesado de la defensa de sus poltronas, por la pasión del poder. El gran embuste inicial, tras varias falsificaciones previas -como la ficción revolucionaria de la toma de la Bastilla, o la renuncia a los derechos feudales durante el Gran Miedo-, está en la explicación pública que dio la Asamblea Nacional respecto de la huida del Luis XVI, en junio de 1791. Capturada en Varennes, la familia real retorna a París como prisionera, pero... Pero a la opinión pública se le dice, contra toda evidencia, que el rey y su familia habían sido víctimas de un secuestro. La explicación oficial que, más que estrambótica, fue grotesca, tuvo como fundamento el pánico de los diputados al imaginar lo que podría suceder si se contaba la verdad al pueblo. La mentira se consagra como elemento fundante de una política condenada por ello mismo a la hecatombe. Al desastre de los pueblos y al desastre, muchas veces, de los propios dirigentes. La mentira se convierte en pulsión básica de la nueva política “revolucionaria”. Y se traslada a toda Europa de la mano del éxito publicitario de la revolución y de los éxitos militares del ejército francés.

En España, por ejemplo, también tenemos algunas grandes falsedades, como la del “doliente” Fernando VII, “cautivo” en Valençay, a la par que “ardiente seguidor de los trabajos de las Cortes de Cádiz”, que se difundió en los ambientes gaditanos entre 1810 y 1812, para decepción y quebranto de los constitucionalistas patrios en 1814. O la gran mentira europea de un Bonaparte liberador de Italia, en la campaña de 1796-1797. O la falsedad, de nuevo española, de la Reina Regente Mª Cristina presentada, entre 1833 y 1837, como ferviente liberal. O la falsedad del “consenso democrático” auspiciador de la Monarquía Parlamentaria de Juan Carlos I.

Pequeñas grandes mentiras, aquí y allá, que palidecen ante el embuste de la representación del pueblo en cámaras legislativas reservadas a las oligarquías de facción o partitocráticas, o ante el embuste de una falsa libertad política escamoteada siempre en constituciones que sólo lo son de nombre, pues ni siquiera separan los poderes del Estado. Constituciones que sólo han fundado regímenes de gobierno que han impedido siempre la libertad política y la democracia.  

Porque la libertad política, tal como la lograron establecer los constituyentes norteamericanos de 1787, no es otra cosa que ese derecho colectivo, básico y principal, que funda la posibilidad efectiva de todos los derechos civiles. La libertad política es el derecho de elegir y deponer a los gobernantes de modo que, como dijo Jefferson, no seamos nosotros quienes temamos a nuestro gobierno, sino que sea nuestro gobierno quien nos tema a nosotros. Una libertad fundante que, basada en la verdad y no en la mentira, encuentra su más firme garantía en el concurso de los ciudadanos para su sostenimiento para que, como bellamente expresa el pensamiento político norteamericano, todos los hombres estén prestos para defender los derechos de cada hombre y cada hombre esté presto para defender los derechos de todos los hombres.  

Una buena constitución que asegure la separación y el equilibrio de los poderes del Estado, la libertad política y la salud de las instituciones de las democracia es lo que ha faltado en Europa, donde todos los países -salvo Suiza, excepción genial, y salvo Gran Bretaña, que carece de Constitución- llevan más de doscientos años cambiando de constitución casi de continuo en un siniestro drama de sentimentalismo y de cinismo. Un sentimentalismo que puede conocer el valor de todo, pero que ignora el precio que hay que pagar por cada cosa, y un cinismo que puede ser buen conocedor de todos los precios, pero que ignora el verdadero valor de las cosas.

Y no es que el hacer una buena constitución fuera una tarea especialmente difícil y compleja en el pasado, ni que lo sea hoy en día. Otros lo pudieron hacer hace más de doscientos años. Y, como entonces, bastaría con establecer una clara separación de los poderes, del Estado, dotándolos de independencia entre sí, y de equilibrio, para que puedan contrapesarse y frenarse adecuadamente unos a otros. Para lograrlo, cada uno de ellos ha de obtener su legitimación en la elección popular directa, de modo que sean representativos de los ciudadanos, sin interferencias partidarias, sin listas electorales mediatizadoras. Candidaturas personales en distritos uninominales para la elección del Poder Legislativo, sin proporcionalidades que sólo sirven para vaciar de contenido el derecho de los ciudadanos a la representación. Y elección nacional directa por los electores, del Jefe del Poder Ejecutivo. En suma, la República Constitucional, tal como la ha formulado Antonio García-Trevijano, único sistema de gobierno que hace posible la democracia formal.

Frente al marasmo del pantano enfangado en que se ha ido hundiendo la política europea de los últimos dos siglos, hay un factor republicano a destacar. Un factor agente que pugna por sobrevivir e imponerse en el mundo oscuro de la falsedad partitocrática y despótica de las mentiras del parlamentarismo. La sociedad política concebida como elemento de mediación situado entre lo que se ha dado en llamar el Estado y lo que se ha dado en llamar la Sociedad Civil. Un espacio a establecer firmemente para hacer posible la libertad política y la democracia en el presente. La República Constitucional, la gran propuesta política que ha formulado el pensamiento de Antonio García-Trevijano, constituye algo más que la posibilidad de resolver los problemas de la democracia política en nuestras sociedades. Es, también, la gran posibilidad de resolver el dramático deambular de los países europeos y de España aprovechando el nuevo tiempo de esperanza que se ha abierto con la crisis económica y financiera de los Estados de partidos, que éstos son incapaces de afrontar y de resolver sin hundir a los pueblos y países en que gobiernan. Porque, como dice García-Trevijano, “nada es hoy más vital para los europeos que optar entre un puro régimen de poder, con el Estado de partidos, o un sistema político de espíritu republicano derivado de la igualdad ciudadana en una democracia formal”.

No puede ser el propósito de este comentario resumir un texto grande en cuanto a su extensión material, y grandioso en cuanto a la intensidad del análisis de los conceptos de libertad y de democracia. Además, eso sería imposible. El texto de García-Trevijano deberá ser leído y releído para lograr su más cabal comprensión y dará lugar a fecundos debates, nadie lo dude. Este comentario sólo aspira a trasladar a otros el eco de las sugerencias e impresiones causadas por una obra que es magna. Magna en su concepción, en su desarrollo y en sus propuestas. Una obra cuya lectura es, más que recomendable, necesaria para todos aquellos que se desenvuelven en el ámbito y los planteamientos del republicanismo y para todos aquellos que amen sinceramente la libertad y la democracia. En España y en Europa.     

El libro Teoría Pura de la República, de Antonio García-Trevijano Forte, con el que culmina el esfuerzo creador iniciado con El Discurso de la República y Frente a la Gran Mentira, ha sido publicado por la Editorial El Buey Mudo (Madrid 2010), y consta de 699 páginas.

    
Madrid, 14 de abril de 2011

Pedro López Arriba
Presidente de la Sección de Ciencias Jurídicas y Políticas del Ateneo de Madrid




       

04 junio, 2011

Lugar y Sociedad



Un vistazo a nuestro entorno.

23 mayo, 2011

Situación pre-revolucionaria

Por su interés reproducimos este artículo del Diario de la R. C. (link en el título)


Al principio, la acampada de jóvenes indignados en la Puerta del Sol, solicitando a los partidos mayoritarios que fueran buenos y pidiendo el voto para los partidos pequeños, tenía carácter reaccionario. En nombre de la democracia material inmediata, ese agregado de individuos impacientes de utopía no quería dialogar siquiera con quienes anteponemos la meta de la Libertad políticacolectiva a cualquiera otra reivindicación social. En menos de una semana, esa agregación de mentalidades individuales heterogéneas ha cambiado la naturaleza de la suma. La cantidad ha creado una nueva calidad que no estaba en los sumandos. El rápido crecimiento de los reunidos en contigüidad ha transformado su estado individual en estado de masa, su mentalidad personal en mentalidad colectiva. Lo delataba el cartelito que todos portaban el sábado. “Estamos reflexionando”. Un acto tan personalísimo como el de reflexionar, pasa a ser consigna de grupo. Este fenómeno sucedió varias veces durante la Revolución Francesa. Me remito a las páginas 55 y 56 de mi Teoría Pura de la República.
La potencia del M-15 de mayo es ahora infinitamente superior. El estado de masa del colectivo, aunque todavía no tenga conciencia de ello, tiende a la revolución política de la libertad y no a una imposible revolución social de la igualdad. Lo que hace tan solo seis días no era imaginable, un diálogo entre fines y medios, es decir, entre el MCRC y la Democracia real ya, ahora sí lo es. La concordia y el entendimiento lo facilita el hecho de que el MCRC puede asumir algunas de las reivindicaciones de los indignados (estatalizar las entidades de crédito rescatadas con dinero de los contribuyentes, suprimir las rentas vitalicias de los políticos, prohibir las subvenciones a partidos, sindicatos, creaciones artísticas, expediciones militares), sin desvirtuar su carácter estrictamente político.
Tenemos lo que las masas acampadas por toda España no tienen. Una teoría política de la libertad colectiva, una estrategia y una táctica especialmente concebidas para conquistarla, mediante la apertura de un período de libertad constituyente. Y las masas acampadas tienen lo que a nosotros aún nos falta: energía social y disposición para la acción colectiva inmediata. El MCRC debe tomar conciencia de que la historia lo ha colocado en la posición de vanguardia inteligente del Movimiento 15 de Mayo. El momento no lo hemos elegido. La situación, tampoco. Los líderes políticos no aspiran a jefaturas de cargos futuros. Eso lo desprecian. Sienten la necesidad de guiar el movimiento de las masas hacia objetivos alcanzables de modo pacífico. Así como antes era imprudente unir nuestro nombre con el de M-15 de mayo, ahora la imprudencia está en dejar de intentarlo. Nada podría justificar que dejemos de orientar al M-15 mayo.
Antonio García-Trevijano (23.05.2011)

08 mayo, 2011

Vergüenza, aburrimiento, asco...

Aunque la Mona...

Vergüenza, los españoles:
¿Tenemos de eso?,  ¿Quién lo tiene?,
¿Dónde?, ¿Cuánto cuesta?
¿Y memoria?

¿Tendremos, los españoles, memoria?

Mi agradecimiento a los maestros Mingote y Puebla, al ABC / Público, a Mikel Casal y a Google por su apoyo espontáneo.

23 abril, 2011

In/De/Desin ... FORMACIÓN


formación.
(Del lat. formatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de formar o formarse.
información.
(Del lat. informatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de informar.
5. f. Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada.
desinformación.
1. f. Acción y efecto de desinformar.
2. f. Falta de información, ignorancia.
deformación.
(Del lat. deformatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de deformar.
~ profesional.
1. f. Hábito de hacer o pensar ciertas cosas debido a la profesión que se ejerce.
(RAE - DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA - Vigésima segunda edición).
Medios de formación de opinión de masas / ingeniería social. En formación de combate.

20 abril, 2011

Una viñeta que escuece como una bofetada.


El ABC de hoy publica esta viñeta de Puebla que tiene el empaque de un editorial o una "tercera" de este diario. Lamentablemente la desvergüenza partidaria seguirá abusando de la inseparación de poderes y abofeteando la dignidad nacional con sus chanchullos y artistas como Puebla nos lo volverán a hacer patente para nuestra vergüenza y ejemplo.

14 abril, 2011

La República de abril: una reflexión



Manuel Muela* - 14/04/2011
El Confidencial.com


Hace 80 años, el 14 de abril de 1931, se proclamó en España la Segunda República, que pretendía aglutinar la esperanza de los españoles en un futuro mejor y los deseos de cambios políticos y sociales de una sociedad hastiada de las prácticas corruptas y autoritarias de la monarquía, que se había convertido, con la ayuda inestimable de los partidos dinásticos, en un obstáculo insalvable para el progreso de la nación. Fue un tiempo en el que el arroyuelo murmurante de gentes descontentas se convirtió en ancho río, que anegó los viejos principios de la Restauración. Y lo hizo de forma pacífica y bienintencionada, algo insólito en un país que, por mérito de la Dinastía, arrastraba un siglo de guerras civiles. Pero aquella esperanza se rompió, y la República, cinco años más tarde, desapareció tras una guerra civil atroz, que marcó el destino de España hasta tal punto que todavía hoy andamos a la búsqueda de los principios de libertad política e igualdad, que abanderaron muchos de nuestros compatriotas de 1931.
En los años transcurridos, casi un siglo, los españoles hemos construido un país distinto, aprovechando los ciclos económicos, también políticos, de este largo tiempo: la estratificación social es más equilibrada, con abundancia de clases medias, la economía es diversa, aunque no en la medida de lo deseable, y el bienestar social se ha extendido en función  del aumento de los recursos públicos. Todavía no llegamos a los niveles de los vecinos y socios europeos, pero se ha procurado el acercamiento Nuestro país no tiene las aristas de insatisfacción ni los problemas de injusticia y de pobreza de la España de los años 30. Los problemas y las carencias de hoy son otros y, si se trata de buscar alguna similitud, la podemos encontrar en que, además de en una crisis económico-financiera, vivimos inmersos en una aguda crisis político-constitucional que supone un obstáculo, creo que insalvable, para que España salga airosa, a medio plazo, de la postración en que ahora se encuentra.
Resulta complicado sintetizar las causas de la inquietud que nos atenaza, pero, en mi opinión, se pueden subrayar dos: una de orden político, que viene definida por la decadencia del régimen constitucional otorgado en 1978, que se ha demostrado incapaz de restituir a los españoles la libertad política y la educación cívica en grado suficiente para homologarnos con una sociedad moderna y desarrollada; la otra causa es de orden económico y tiene que ver con el fracaso en la construcción de un modelo productivo análogo al de las potencias industriales de la Unión Europea.
La crisis española actual ha puesto de manifiesto no solo que España está mal gobernada, algo que podría subsanarse con relativa facilidad en un orden democrático, sino que el mal gobierno hunde sus raíces en un sistema político aquejado de esclerosis y dominado por las elites de los partidos, que niega las prácticas parlamentarias, de las que presume, y que se obstina en no revisar aquello que ha contribuido al descrédito del Estado. Este se ha convertido en rehén de las organizaciones territoriales y de las apetencias de poder cercanas de los propios miembros de los partidos dominantes. Todos los recursos, no solo los económicos, de que dispone un Estado moderno han sido puestos al servicio de una manera de entender el ejercicio del poder público, que ha empeorado las viejas prácticas caciquiles y clientelares de la Restauración, que se pensó fenecerían con la llamarada de 1931.
Debate sobre el mantenimiento del statu quo
No creo que sea hiperbólico ni sectario señalar que en esta España de la segunda década del siglo XXI se va extendiendo el debate sobre la permanencia de unas estructuras políticas y constitucionales, cada vez más alejadas de la realidad social, en las que prima la defensa de sí mismas, mejor dicho de quienes las poseen y disfrutan, eludiendo la autocrítica y negando a los ciudadanos la posibilidad de opinar, salvo que dicha opinión no traspase los límites de esa dictadura moderna que es lo llamado políticamente correcto: una muestra inmediata de ello es que el país ha sido convocado a unas elecciones municipales y regionales a las que, de antemano, se niega cualquier posibilidad de cambiar el statu quo. Otra cosa será que se consiga. Toda la máquina partidaria y de comunicación trabaja para dar apariencia de normalidad a una consulta que se celebra en un país confuso y desesperanzado, que desconfía profundamente tanto de quienes le dirigen como de los que aspiran a ello.
Desde el punto de vista económico y financiero, la realidad no deja de ser desoladora: nuestro tejido productivo ha sido devastado y el paro y el endeudamiento público y privado son las indeseadas columnas vertebrales de un triste presente y de un azaroso porvenir. Son las consecuencias visibles de una gigantesca especulación, que fue abrazada con entusiasmo desde que España pasó a formar parte de la Unión Europea. No se han sabido digerir y sembrar la bonanza económica y la abundancia de recursos de estas dos décadas; por eso, frente al declive económico y las exigencias de los acreedores, aparecemos inermes y mendicantes, confiando en la benevolencia de nuestro socios europeos, también importantes acreedores, a los que vendemos unas sedicentes reformas, que agudizan la penuria de los débiles y pretenden dilatar el reconocimiento de los errores, que sería la base para encarar las actuaciones de saneamiento y de reestructuración que necesita el país. Se dice, todo es pura imagen, que la tempestad ha pasado y que se acercan tiempos mejores. Nada más falso: solo el terror de la Unión Monetaria ante la magnitud del desastre español hace de momentáneo dique de contención.
Por eso, hoy, que recordamos a otros compatriotas que hace 80 años intentaron sacar a España de la incuria y de la injusticia, nos convendría reflexionar sobre nuestras capacidades y sobre nuestra exigencia ciudadana, para fortalecer la libertad política y proponer con ella los cambios templados y rigurosos, que permitan superar un sistema que se ha adueñado de la voluntad del país en exclusivo beneficio de unas minorías políticas y económicas. Porque hay salida y esperanza, pero no por los caminos empedrados de la corrupción política y de la perversión económica. Se trata, en fin, de realizar las tareas pendientes e inacabadas de nuestra tortuosa historia.


*Manuel Muela es presidente del Centro de Investigación y Estudios Republicanos (CIERE).


AVISO: El miércoles 27 de abril, a las 19:00 horas y en la Sala Ciudad de Úbeda del Ateneo de Madrid, sito en la Calle del Prado, nº 21.(28014 Madrid), D. Manuel Muela pronunciará la conferencia "Una iniciativa política para encarar la crisis española", dentro del Ciclo “BASES PARA LA REFORMA CONSTITUCIONAL”, programado por la Sección de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Docta Casa. Presidido y presentado por D. Pedro López Arriba, Presidente de la Sección.


12 abril, 2011

12 marzo, 2011

Trío de Ases


Conversación entre Antonio García-Trevijano, Dalmacio Negro y Gabriel Albiac.





08 febrero, 2011

Importante artículo de D. Manuel Muela (P. CIERE) en la Revista TEMAS.



Una salida política a la crisis española


Manuel Muela 
Economista



La magnitud de los problemas nacionales, y la percepción de que los gobernantes parecen incapaces de ordenar la resolución de los mismos, ha extendido un sentimiento de fatalismo en la sociedad española, alentado por muchos medios de opinión, que se traduce en la falta de iniciativas y de propuestas que no pasen por la proclama repetida de los recortes sociales y de la obediencia a lo que, se dice, indican la Unión Monetaria y los acreedores de nuestro país. Es una orfandad peligrosa de la que conviene salir, por lo que sugiero un plan que contemple la constitución inmediata de un gobierno de gestión para lo que queda de legislatura, con el fin de ejecutar un proyecto de saneamiento político y económico, cuyos ejes principales serían: ordenar y unificar los poderes del Estado, plantear la renegociación de la deuda pública y reestructurar el sistema crediticio.

Creo que hay pruebas sobradas de que el Gobierno se encuentra sobrepasado por los problemas y que, por la rigidez institucional y la anemia de su partido, ni se provee su sustitución ni se contempla la anticipación de las elecciones generales, alegando que ha sido elegido para cuatro años. La oposición, por su parte, mantiene un distanciamiento desmovilizador, esperando el derrumbe para alzarse con una hipotética victoria sobre la tierra quemada, preñada de amargura, en 2012. Son, en mi opinión, actitudes fatalistas y dogmáticas, que demuestran el bloqueo institucional del sistema político español, que desacreditan los valores del régimen parlamentario y que agravan el daño de los españoles, convertidos en rehenes de la inepcia de sus dirigentes. Una situación de emergencia nacional, que requiere decisiones ambiciosas, sobre todo de carácter político e institucional.

Ante la parálisis y el descrédito de la política, que ya es un clamor en la sociedad, como demuestran las diferentes encuestas, si no se produce la reacción del partido y/o el grupo parlamentario del Gobierno, el Congreso de los Diputados, órgano supremo de la soberanía nacional, debería adoptar la iniciativa para lograr la constitución de un nuevo gobierno que merezca la confianza abrumadora del Parlamento, para ejecutar un plan nacional que sanee la economía, que restaure la confianza interna y externa y que inicie la apertura de un proceso de revisión constitucional.

Las dificultades acaecidas desde 2007 han puesto en duda muchas cosas, tanto en el plano internacional como en el doméstico; se ha dicho de todo y se han
planteado debates doctrinales sobre el capitalismo, sobre el papel de los Estados, sobre las organizaciones supranacionales etc. etc. También en España se están
cuestionando algunas realidades y una de ellas, que me interesa resaltar, se refiere a la capacidad del Estado para ejercer sus funciones debido a la gran dispersión de
poderes que se ha producido a lo largo de los años y al coste desmesurado que ello supone: el ejemplo genuino son las Comunidades Autónomas, convertidas en la práctica en contrapoderes estatales con vicios agudos de clientelismo y con escaso sentido de la solidaridad. Ni el gobierno más ilustre podría ordenar ese laberinto, sin cambios previos e importantes.

Ninguno de los defensores del derecho a la autonomía de las regiones, que se reguló por primera vez en la Constitución de la República Española de 1931, podría
respaldar y justificar la realidad actual del mismo: su ejercicio ha sido vanidoso y viciado, hasta el punto de convertirse en uno de los problemas que España tiene
para recuperar sus equilibrios. Ojalá no hubiera sido así, pero es y, en mi opinión, parece obligado revisar una situación que se ha convertido en un lastre para el 
ejercicio correcto del poder público.

Las bases del cambio constitucional capitaneado por ese Gobierno de gestión incluirían tal revisión. Mientras tanto, aprobará una Ley Orgánica que permita recuperar para el poder central la mayoría de las competencias transferidas, suspendiendo los organismos e instituciones autonómicas que las ejercen en la actualidad. Se ga-naría eficacia y se produciría una disminución inmediata de gastos en beneficio de una reducción significativa del déficit público. En su caso, el Tribunal Constitucional resolverá sobre la constitucionalidad de dicha Ley, que, repito, sería transitoria hasta que culminara la revisión constitucional.

El volumen y el coste de la deuda pública, ambos crecientes, nos permiten afirmar que los compromisos asumidos no podrán ser cumplidos, porque nuestra es-tructura económica y fiscal, a diferencia de la de otros países más endeudados que nosotros, no va a permitir, en largo tiempo, generar recursos suficientes para ello, salvo que alguien piense que se puede sacrificar en el altar de la deuda la parte del león del gasto público, porque además de injusto no es realista. Es verdad que nuestros prestamistas nos vigilan, como se repite una y otra vez, pero también el prestamista tiene que asumir riesgos, como es el caso. Si un Gobierno español serio y decidido, con un plan de saneamiento creíble, plantease, en concurso con la Unión Monetaria Europea, una renegociación de la deuda para dinamizar las cuentas públicas, se vencerían las resistencias iniciales de cualquier prestamista, que de verdad quiera cobrar.

Sin un sistema crediticio en funcionamiento resulta casi imposible pensar en la regeneración de la actividad económica. Nuestras entidades crediticias, o al menos la mayoría de ellas, siguen constreñidas por el enorme caudal de activos dañados e improductivos y la incertidumbre sobre la evolución de las operaciones de rene-gociación de deudas, cuyo volumen desconocemos, aunque seguro que es importante. Por ello convendría dar un paso más, sacando de los balances del sistema crediticio aquellos activos, fundamentalmente inmobiliarios, de difícil recuperación en el medio plazo, para estimar las necesidades de capital que resulten de ello. 
Como ya han planteado algunos expertos, se podría apelar al Fondo de Rescate de la Unión Europea para cubrir tales necesidades de capital, que se presumen
voluminosas, vistas las limitaciones de España para acometerlo en solitario. De esta forma, el sistema crediticio recuperaría el movimiento para desempeñar el papel que le corresponde en la economía nacional.

La labor a realizar por ese hipotético gobierno de emergencia nacional hasta las elecciones de 2012 comprenderá muchas otras materias, entre ellas una nueva electoral, pero no es la pretensión de este comentario enumerarlas; se trata de esbozar las columnas básicas de un proyecto que viene justificado por dos convicciones: la primera es que no se puede continuar sin enfrentar de raíz los problemas estructurales, políticos y económicos, que nos atenazan y la segunda demostrar que la democracia tiene vías y resortes para dar salida a las situaciones de emergencia sin tener que apelar a las viejas fórmulas autoritarias de las que España tiene experiencia.

Creo, para terminar, que lo propuesto puede parecer poco realista o utópico ante el proceso agudo de esclerosis del sistema, anclado en la dictadura de lo políticamente correcto, pero la penosa realidad española obliga a abrir un debate más profundo y de mayor enjundia que continuar con los señuelos y las amenazas a los débiles, circunscribiendo los problemas a si hay que subir éste o aquel impuesto, si esta semana colocamos la deuda a menos precio que la anterior, o si el jefe del gobierno, que es objeto de un excesivo y antidemocrático culto a la personalidad, comunica si se presenta o no a las elecciones. España merece más y también puede más.

TEMAS / Febrero 2011

25 enero, 2011

Dilapidando que es gerundio



Recientes publicaciones (como las realizadas por la Fundación Progreso y Libertad) han puesto sobre la mesa el “sobrecoste” de los servicios públicos prestados por las Comunidades Autónomas (26.000 millones de euros anuales) y por las Entidades locales (mas de 5.000 millones de euros al año), utilizando un sencillo análisis de eficiencia comparativa con las que mejor los prestan. Muchos informes de analistas independientes, añadiendo el Estado y las instituciones que funcionan bajo su paraguas, están poniendo al desnudo nuestras vergüenzas y elevan dicho “sobrecoste” al 7-9% de nuestro PIB (PIB estimado en 2010: 1 billón de euros aproximadamente). Así de fuerte es la realidad.

De golpe, como caídos de un guindo, una parte de nuestra sociedad política (políticos prejubilados como J. M. Aznar, políticos en excedencia, como Jordi Sevilla, que abogan por soluciones “federalizantes”, articulistas que raspan la cáscara sin mostrar el fruto o tertulianos ligeros de lengua y duros de mollera, y demás perlas cultivadas en conchas partidocráticas) se ha dado cuenta que nuestra organización territorial del Estado es un modelo insostenible y que las competencias normativas de los parlamentos y gobiernos regionales han embarullado las reglas del juego de nuestra sociedad civil hasta tal punto que han fragmentado la unidad del mercado nacional y frenan nuestro desarrollo económico.

Todos se rasgan las vestiduras ante las instituciones replicantes de los 17 miniestados (Parlamentos, Cámaras de Cuentas, Consejos consultivos, Defensores del Pueblo, Agencias Tributarias, Televisiones, Departamentos-Ministerios con infinidad de asesores, etc.), ante la proliferación de toda clase de guaridas burocráticas* (empresas públicas cuyo único cliente es la propia Comunidad o cuya actividad es semejante a la que realiza el órgano administrativo del que dependen y una variopinta fauna de entes cuya única finalidad es premiar a su clientela o esconder deudas públicas) y ante la inmensidad de gastos suntuarios, lujos desmedidos y subvenciones por doquier.

Esta pandilla de ganapanes nos está hundiendo y nadie levanta la voz, como están haciendo los habitantes de Túnez. Solamente algunos grupos gritan su desesperación ante las puertas de este “régimen político”: los funcionarios andaluces se rebelan ante la “funcionarización” de los empleados en la administración institucional paralela de la Comunidad Autónoma de Andalucía (esas guaridas burocráticas que más arriba comentamos, ver sus Presupuestos para 2011* ) que emplea a cerca de 30.000 personas, y muchos ciudadanos murcianos se rebelan ante los recortes presupuestarios para pagar los banquetes del próximo pasado.

Sigamos su camino y proclamemos un cambio radical de este Estado de partidos insostenible que silencia nuestra ruina y succiona nuestra prosperidad.

Lorenzo Alonso (en Diario de la República Constitucional 25.01.2011)

17 enero, 2011

Ejemplo ejemplar y ejemplarizante


Por lo ilustrativo que resulta, reproduzco aquí un artículo de Jesús Cacho publicado en "El Confidencial.com", el 16.01.2011.


En abril de 2009, José María Aznar (JMA) publicó sus recetas (España puede salir de la crisis, Ed. Planeta) para superar el trauma que nos aflige. Una revista dominical de gran tirada le entrevistó el 12 de abril de dicho año: “XLSemanal ha acompañado a Aznar a EE.UU. durante sus cursos de política internacional en Harvard y contó con su colaboración para una exclusiva sesión de fotos en la que posó con su nuevo perro, un labrador llamado Sam, nombre que, según explica, eligieron sus nietos. Aznar se mostró especialmente distendido y satisfecho tanto con su actual vida como con la que tuvo en Moncloa. El ex presidente no sólo ofrece recetas para acabar con la recesión. También habla de Bush, Obama, Rato y hasta de la actividad política de su mujer, Ana Botella. De aquella etapa, y dadas las actuales circunstancias, destaca la labor de sus excelentes asesores económicos”. Don José María tuvo a bien complacer a Planeta sometiéndose a un incómodo road show por media España para promocionar el libro. Ruedas de prensa por doquier. En ninguna, sin embargo, quiso revelar su secreto. Había que comprar el libro: “Yo sé cómo salir de la crisis”.

Y a fe que lo sabía. Los españoles lo supimos el martes, cuando El Confidencial, en rigurosa exclusiva, desveló que el ex presidente del Gobierno había sido contratado por la empresa pública italiana Enel, propietaria de Endesa, para asesorar en España a su presidente, Borja Prado Eulate, a cambio de 200.000 euros anuales, que serán 300.000 si le añadimos el bonus, o 50 millones de las antiguas pesetas. En realidad hace tiempo que sospechábamos que JMA sabía cómo sacar de la crisis a su familia. En junio de 2006, News Corporation, el holding propiedad del australiano Rupert Murdoch, dueño de diarios como The Wall Street Journal y The Times, además de cadenas de TV como CNBC y Fox News, anunció la entrada del líder del PP en su Consejo, empleo por el que en 2009 recibió unos 220.000 dólares (100.000 en efectivo y 120.000 en acciones). Un año antes había sido contratado como asesor por el prívate equity Centaurus Capital. En realidad, la actividad de Aznar como conseguidor ha sido febril desde su salida del Gobierno. La consultora Faznartella (familia Aznar-Botella) ganó en su último ejercicio fiscal 445.417 euros, un 8% más que en 2008. Las cuentas de la empresa, que en 2009 facturó 620.732 euros, muestran que disponía de 310.772 euros en caja; 917.000 en inversiones financieras a largo plazo, y otros 458.000 a corto.

Endesa asegura haber contratado a Aznar para que “le oriente en su estrategia Latinoamérica”, una zona donde lo que básicamente tiene el bigotes son enemigos. Tan mostrencas razones han merecido el visto bueno de gran parte de los medios de comunicación hispanos. La verdad, sin embargo, es muy otra. Borja Prado es, además de capo de Endesa por voluntad de Enel, presidente en España de Mediobanca, primer grupo financiero e industrial italiano que aquí se dedica, entre otras cosas, a asesorar a la constructora ACS en su asalto a Iberdrola. Prado y Florentino Pérez, su íntimo amigo, son cabeza del que se ha convertido ya en el gran grupo de presión español de la segunda década del siglo XXI, un eje en torno al cual giran, entre otros, la familia March, los cajeros Isidro Fainé (La Caixa) y Rodrigo Rato (Caja Madrid), el inefable Del Rivero (Sacyr) y el financiador de casi todos ellos, Emilio Botín. La columna vertebral de ese grupo, la formada por el dúo Pérez-Prado, ha logrado pingües ventajas del Gobierno socialista de Zapatero. En la perspectiva, más que plausible, de un cambio de poder en Moncloa, el grupo necesita protegerse ante la eventualidad de un Gobierno presidido por Mariano Rajoy. Esa es la tarea que los Pérez-Prado han encomendado a Aznar: protección. Tráfico de influencias a gran escala. Corrupción al por mayor.

Esa protección incluye la defensa ante el futuro Gobierno de la cuenta de resultados de Endesa. Nada habría que objetar si el susodicho hubiera sido contratado por un fabricante de máquina herramienta de Llodio, una cadena de tiendas de moda de Arteixo, o un exportador de productos cárnicos de Aracena. Lo que no es aceptable es que el aludido ponga su red de influencias al servicio de empresas (todas las utilities -gas, electricidad, teléfono, autopistas y concesionarias en general-) cuyos ingresos dependen de decisiones administrativas, cuya cuenta de resultados vive de la tarifa que fija el Gobierno de turno, por no hablar del chollo de las subvenciones a las energías renovables. Ahí está la corrupción. Ese es el escándalo.

El Partido Popular como rehén de Aznar

En realidad hace tiempo que en la calle Génova tildan la actividad profesional de JMA como de “simple comisionista”. Como tal se comportó con motivo de la llamada “enmienda Florentino”, escandalosa decisión del Gobierno Zapatero que, de la noche a la mañana, acabó con los blindajes societarios que limitaban el derecho de voto al 10% del capital para favorecer el asalto de ACS a Iberdrola. En tan señalada ocasión, el popular se dedicó, como empleado de Pérez, a llamar personalmente a diputados del PP para que apoyaran la enmienda del Gobierno. Nadie sabe si JMA sigue o no en nómina de ACS. El presidente del Real Madrid le ofreció no hace mucho entrar en la directiva del Club, honor que rechazó el aludido, pero cada día es más frecuente verle en el palco del Bernabéu, antesala de todas las vergüenzas patrias.    

Para mantener su estatus -60.000 euros por conferencia al dejar el Gobierno, cifra ahora reducida a la mitad-, el ex presidente necesita mantener al PP como una especie de rehén. Como presidente de la Fundación FAES, JMA es el perro que ha mordido presa y no está dispuesto a soltarla, porque del control, real o supuesto, del partido de la derecha española depende algo tan elemental como su caché presente y futuro, sus emolumentos. Un caso de corrupción integral basado en la inextricable mezcla de política y negocios que distingue la vida pública española desde la muerte de Franco. Así, este fin de semana ha participado en León en la I Cumbre del PP en el Exterior, abriendo, en su calidad de presidente de honor, el turno de intervenciones. El sujeto acaba de presidir el II Congreso del partido en Estados Unidos y la Convención de Colombia. Nadie se acuerda de llamarle desde la calle Génova para invitarle a este tipo de eventos. Más aún: si se enteran de que él estará de cuerpo presente, unos y otros procuran escurrir el bulto y salir de estampida.

11 enero, 2011

Rediseñando el futuro: ¿es posible evitar el consumismo feroz?


Interesante vídeo, que obliga a pensar sobre el tipo de sociedad consumista en la que se desarrolla nuestro tránsito vital. ¿Estamos locos?.  

23 diciembre, 2010

Va de cambios


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