31 marzo, 2014

Desmemoria cañí



Suárez y el alzhéimer español


Ha muerto Adolfo Suárez, un político español, el primer presidente de gobierno democrático español desde la dictadura de Franco; el encargado por Juan Carlos I de dar los primeros pasos en el postfranquismo bajo la tutela de Torcuato y los militares herederos de la victoria golpista. Un hombre ecléctico y que “decepcionó a todos” o a casi todos. A los franquistas de camisa azul mahón, a los opusdeístas y a los de Fraga, que pretendían dar la mano de pintura imprescindible al Movimiento para recibir el visto bueno de la derecha democrática europea, mantener el chiringuito y ser aceptados en la entonces Comunidad Económica Europea, chiringuito en el que la mayoría de españoles se declaraban prudentemente apolíticos.

Decepcionó a la izquierda de la época, que esperaba “un cambio en la forma para que nada cambiase”, no en vano era Suárez el secretario general del Movimiento Nacional de la época. Decepcionó al rey que se vio sin quererlo metido en un proceso constituyente enfrentado al sector más inmovilista del ejército cuartelero de entonces y con un proyecto de ley de partidos que abría el hemiciclo parlamentario a toda la izquierda del arco. El Partido Socialista y el Partido Comunista no estaban necesariamente en el guión de los primeros pasos a dar en la “apertura del régimen”. Y nos decepcionó a la mayoría de españoles que esperábamos de él un simulacro descafeinado de democracia occidental y no nos cortábamos en afirmarlo así por activa y por pasiva.

Primero fue presidente de gobierno por gracia real. Después lo fue por elección democrática en las urnas, dos veces. La segunda legislatura se le sublevó la clase política de centro y derecha, la izquierda jamás le creyó. El antecedente del PP actual y todos sus integrantes unánimes le vituperaron como traidor y le acusaron de ir demasiado lejos, alineándose comprensivamente con el ejército de cantina que entonces había que pagaba, entre muestras de histeria e indisciplina flagrantes, su tributo de sangre con frecuentes asesinatos de la ETA que dicho sea de paso encontraba cierta vengativa comprensión en las reprimidas masas populares de la época.

Increpado, insultado, linchado públicamente por sus compañeros de partido de centro, cristianos, liberales, socialcristianos, socialdemócratas y otros híbridos de la fauna política de aquellos tiempos, también perdió ostensiblemente el favor real que temía ser desautorizado por la derecha de Fraga, la facción católica del Vaticano, los liberales, etc. Mientras que Suárez seguía siendo un bulto sospechoso para las izquierdas de los años setenta españolas, socialdemocracia alemana incluida.

Fue objeto de un Golpe de Estado chapucero muñido por previos conciliábulos en los que al parecer no faltaba nadie del arco parlamentario ni de la Casa Real, que pretendía un gobierno de concentración nacional tutelado por el ejército para evitar que el “separatismo” de las autonomías y la proliferación de partidos izquierdistas se llevase el “invento” más allá del control de sus promotores.

Vilipendiado en la prensa por sus antaño patrocinadores, desautorizado públicamente por su principal valedor, quedó a merced del aliento de los cuartos de banderas del sector más autoritario y pro golpista de la sociedad civil y militar. Su comportamiento gallardo y comprometido con las ideas que profesaba el 23-F terminó de decepcionar a los españoles. No era el títere que la izquierda sospechaba. Tampoco era la marioneta de una Corona de la derecha. Se comportó como un republicano de centro izquierda visto con la perspectiva del tiempo y la mayoría no lo supimos ver o creer. El alzhéimer de los españoles hace que hoy los medios de comunicación nos abrumen con panegíricos de “gran estadista” y de “timonel de la Transición” entonado por sus antiguos detractores que aducen amistad, colaboración y otras zarandajas cuando en la hemeroteca consta la despiadada oposición, la descalificación y el insulto.

Pasemos este trago de nuestra mezquindad española, con las salvedades de rigor, capaz de no reconocer sus errores amparándose en el alzhéimer característico del inculto pueblo español. El hecho es que Adolfo Suárez se vio obligado a dimitir y perdió abrumadoramente las últimas elecciones a las que concurrió, abandonado por todos o casi todos y relegado en la soledad de una cruel enfermedad a ser, ahora sí, querido y ensalzado por sus antiguos verdugos políticos. Qué cosa tan española. Descanse en paz, Adolfo Suárez González, político español valiente y coherente con sus ideas, incomprendido por la España que le tocó vivir y a la que consiguió sacar del franquismo sin derramamiento masivo de sangre como es tradición.



Fernando Pérez Martínez


Publicado, el 26.03.2014, en InfoLibre.es

31 enero, 2014

Ha muerto D. Carlos París Amador, presidente del Ateneo de Madrid


Fallece en Madrid a los 88 años el filósofo y presidente del Ateneo de Madrid, don Carlos París.

Carlos París ( Bilbao, 1925- Madrid, 2014). Filósofo, escritor, columnista y presidente del Ateneo de Madrid, entre 1997 y 2001, fue reelegido en 2009 y 2011, y de nuevo obtuvo la confianza de los ateneístas para renovar su mandato, por quinta vez, el pasado mes de mayo de 2013. Como Segismundo Moret, cuyo centenario de su muerte se conmemoró el pasado año, D. Carlos París ha muerto ejerciendo la Presidencia de la Docta Casa.
Descanse en paz Sr. Presidente.

30 diciembre, 2013

4 your ears only



Desde Brooklyn para el mundo, CPH mixturando la música que escucha en la Navidad de 2013, enjaezada con diversos efectos y el ritmo ecléctico y vacilón que le induce Metrópolis.
Valga también como postrer homenaje a Germán Coppini, músico y poeta, que tan recientemente nos abandonó.


02 diciembre, 2013

A la rica efeméride


Antonio García Trevijano *

Una Constitución para oligarcas

El próximo viernes se cumplirán 35 años del mayor engaño sufrido por el pueblo español en toda su historia. Nos referimos a la llamada Constitución, que no es tal, sino en realidad la Ley Fundamental de la Monarquía de Partidos. En ella se establecen las directrices para vaciar de competencias al Estado central a través del reparto autonómico.

Para que ese reparto y el del inmenso botín económico que suponía se hicieran con normalidad, se necesitaba una ley electoral que, en lugar de ser representativa de la sociedad civil, lo fuera de los jefes de partido que hacen las listas. Y para no dejar ningún cabo suelto, impusieron en la Constitución la no separación de poderes estatales, poniéndolos en manos del ejecutivo. El poder legislativo y el judicial quedaban así sometidos al poder ejecutivo, lo que garantiza a este la total impunidad ante la corrupción, la malversación de fondos públicos, el nepotismo más absoluto y la prevaricación.

El primer agente de esta oligarquía, el rey Juan Carlos, traicionó a su padre y a Franco. La clase franquista traicionó a Franco para sobrevivir y participar en el reparto del botín con los nuevos allegados. Estos, la nueva clase política procedente de la ilegalidad, descubrirían de pronto que si también ella traicionaba a sus principios ideológicos, con los que había tenido que vivir pobremente en la sombra, también podrían participar del botín y enriquecerse sin riesgo alguno a costa de los demás.

El segundo agente, el presidente Suárez, fue tres veces traidor: traicionó los principios del Movimiento Nacional, a los españoles no permitiendo que alcanzaran la libertad política y a España, dividiéndola en diecisiete trozos, contrarios todos ellos a la realidad histórica y objetiva de la Nación. En el caso del PSOE de Felipe González, un diseño de partido de 'izquierdas' realizado por la CIA a través de Willy Brandt para frenar al comunismo, renegó de sus principios marxistas y desde el poder traicionó a la clase obrera en favor de las elites financiera y mediática. Miguel Boyer les entregó los monopolios públicos por la décima parte de su valor.

Con estos mimbres, la Carta Magna fue el resultado de un simple reparto de poderes entre traidores: a sí mismos, a la libertad política constituyente y a la unidad de España. La Constitución de 1978 ha destruido la unidad administrativa del Estado, la unidad de mercado, todas las referencias éticas en lo público y las morales en lo privado, ha aniquilado el sentimiento patriótico de España y suprimido la representación política de los ciudadanos.

Asesinos de la libertad

Los autores de este engendro son auténticos criminales de la paz, porque no hay mayor delito que el de matar las esperanzas de libertad de un pueblo que llevaba casi 40 años sin conocerla. Fue el asesinato de la libertad colectiva y el abuso sin medida de las libertades individuales por parte de los oligarcas. Los culpables visibles de esta traición a todo un pueblo fueron siete, queden sus nombres en la historia negra para vergüenza de sus descendientes y desprecio de las generaciones futuras, porque aunque eran sólo los 'chicos de los recados', ya que la Constitución les fue dictada, se prestaron a representar y avalar la farsa infame que supuso todo el proceso.

Gabriel Cisneros (UCD)

Miguel Herrero de Miñón (UCD)

José Pedro Pérez Llorca (UCD)

Gregorio Peces Barba (PSOE)

Miguel Roca (Pacto Democrático por Cataluña)

Jordi Solé Tura (Partido Comunista de España)

Manual Fraga (AP)

Los verdaderos artífices fueron sus jefes políticos, Adolfo Suárez por un lado, y Felipe González por otro, y más directamente sus respectivas manos derechas, Fernando Abril y Alfonso Guerra, que discutían y pactaban en secreto todo lo esencial, completamente al margen de los ciudadanos, a los 
que no se consideraba dignos de conocer cómo se estaba decidiendo su destino. En particular, pactaron  la monarquía de partidos estatales, donde todo el poder se reparte en exclusiva entre las agrupaciones políticas, aunque el Rey siempre conservó el derecho de designar ministros por vía de pasillo.

En los artículos de contenido social, la Constitución trata cínicamente de convertir en norma obligatoria los simples deseos de bienestar. Los partidos estatales basaron su propaganda demagógica en estas simplezas utópicas que ninguna constitución seria puede albergar, pues son engaños siniestros. “Los españoles son iguales ante la ley”, mentira: el Rey, los partidos, y los jueces demuestran a diario este colosal engaño. “Todos los españoles tienen el derecho al trabajo y una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia”, mentira: las estadísticas millonarias de paro y pobreza evidencian tan escandaloso embuste.

“El derecho a una vivienda digna y adecuada”, mentira. Familias hacinadas en una sola habitación, sin agua ni electricidad, dos millones de ellas que viven en infraviviendas, según Cáritas, y más de 400.000 desahuciadas prueban no sólo la falsedad, sino la maldad de esta norma contraria a la normativa 
europea. “La independencia de la Justicia respecto a los órganos políticos”, mentira. PP y PSOE, sin recato ni vergüenza alguna, nombraron a los rectores de la judicatura para que los jueces no persigan la corrupción política. Somos un país arbitrario sin seguridad ni ordenamiento jurídico.

Al menos, el régimen de Franco cumplía las normas administrativas y civiles. Hay infinidad de pruebas, entre ellas, por ejemplo, la sentencia del Supremo que el abogado Trevijano ganó al Estado franquista y a la presión de Carrero Blanco logrando una fuerte indemnización (tres y medio millones de euros en valor actual) por el cierre ilegal del diario Madrid. Hoy eso sería inconcebible, ¿imaginan Uds. al actual Tribunal Supremo obligando a indemnizar al Estado con 3,5 millones de euros por el cierre ilegal de un periódico?

Los españoles ni siquiera pueden concebir el daño que está causando a nuestra economía la falta de seguridad jurídica. Otras mentiras escandalosas de la Constitución se comentan por sí mismas: “El Estado debe garantizar una redistribución de la renta más justa”, pero tenemos la más injusta de Europa; “ninguna autoridad podrá adoptar legislaciones para obstaculizar la libertad de circulación y establecimiento”, cuando todos los caciques locales lo hacen; “todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del Estado”, un rimero de mentiras y así todo lo demás.

“Los españoles estuvieron a la altura de las circunstancias”, afirmó cínicamente el Rey después de la aprobación de este engendro. Los españoles no estuvieron a la altura de nada, se comportaron como un rebaño de borregos que fueron a votar su propia ruina y la de sus hijos, haciendo lo que les dijeron los capos de la nueva mafia política oligárquica, un nuevo “vivan la caenas” en versión moderna.

La opereta de Tejero aborta el “golpe de timón”

A pesar de que esta nueva Ley Fundamental del Reino llamada Constitución estaba concebida, única y exclusivamente, para satisfacer las ambiciones siempre desaforadas de la oligarquía política, financiera y mediática, la convicción de que sólo el Ejercito podía acabar con ETA, que se estaba saciando a asesinar y  secuestrar, junto a la idea transmitida por Alfonso XIII a sus descendientes de que la monarquía no podría asentarse en España hasta que gobernara con el partido socialista, determinaron la decisión del Rey de “dar un golpe de timón”.

Para ello exigió la dimisión a un presidente del Gobierno, Suárez, que nunca dio la talla, pero se mantuvo en el poder político mientras le quedaba algo que regalar (legalizaciones y autonomías). El Rey quería un Gobierno de militares y socialistas presidido por el general Armada, quien ya había 
pactado las bases del mismo en la reunión de Jaca con el socialista Enrique Múgica, supuestamente autorizado por Felipe González.

Pero los golpistas del 23-F fueron víctimas de la fatalidad: el teniente coronel Tejero, encargado de la toma de las Cortes, se negó a obedecer a Armada cuando supo que iba a formarse un Gobierno con socialistas y otras izquierdas de nombre. En una entrevista radiada la pasada semana con el  señor García
Trevijano, el coronel Diego Camacho, del CESID, relató cómo sus jefes estaban dentro del golpe y cómo lo apartaron cuando lo denunció ante su superior el general Calderón, sin saber que formaba parte de la trama. Según este coronel, el Rey dio marcha atrás cuando Armada le comunicó por teléfono que Tejero iba por libre y no le obedecía.

Además, el hecho de que la radio y la televisión continuaron transmitiendo, con un energúmeno pegando tiros al aire y el mundo entero viéndolo en directo, hacía el “golpe de timón” absolutamente infumable a nivel internacional. En otra entrevista realizada en la COPE por César Vidal al coronel Perote del CESID, que vivió en directo todo el asunto, al preguntarle qué habría pasado si Tejero hubiera obedecido y las cámaras hubieran sido desconectadas, su respuesta fue rotunda: “Armada habría salido del Congreso investido como presidente del Gobierno”.

El jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campos, cuando fue expulsado de su cargo por el Rey, le contó a Trevijano cómo en el libro de visitas al monarca del día 11-F aparecía borrado el nombre de D. Alfonso de Borbón y en su lugar se había puesto el del general Armada, que se presentó de improviso 
en la Zarzuela, sin conocimiento de su capitán general. Y -continúa el general Fernández Campos- “tratándome como si fuera un soldado”, ante mi sorpresa me exigió “dígale que estoy aquí y vera cómo me recibe (el Rey) en el acto”, lo que efectivamente sucedió.

Fernández Campos le contó también a Trevijano que, a las tres de la mañana del 24-F, ordenó a un capitán de servicio en la Zarzuela que se presentara en la agencia EFE y retirara el cable enviado por el Rey a Milán del Bosch en el que le decía “que ya no podía dar marcha atrás”. Se refería a la suspensión 
de la operación político-militar promovida por la Corona. Milán del Bosch, que ya había sacado los tanques a la calle, no obedece al Rey al instante, por eso el mensaje del Rey en la televisión no puede emitirse hasta la madrugada. En el 23-F los militares pagaron el pato, todos los condenados menos uno eran militares, aunque en el golpe había mas civiles que militares. Y con una dignidad y una lealtad digna de mejor causa todos mantuvieron la boca cerrada.

A día de hoy, el Estado de las autonomías ha destruido la unidad de la conciencia de España; arruinado la economía nacional, destruido la clase media, que lo tiene más que merecido por ser el principal sostén de estos miserables; convertido en mileuristas o menos al 60% de los trabajadores ocupados y llevado a la pobreza y al hambre a mas de tres millones de españoles. Y lo único seguro para 2014 son nuevos recortes - pensiones, salarios y desempleo - y más injusticia social, mientras Gallardón y el ministro del Interior siembran las semillas de un regreso al autoritarismo y de un recorte, esta vez, de las libertades personales.


(*) Antonio García Trevijano es abogado y escritor.

Publicado el 02.12.2013 en elconfidencial.com

20 junio, 2013

Cerrado por defunción.


Muere James Gandolfini, protagonista de «Los Soprano»
El popular actor ha muerto de un infarto mientras se encontraba de vacaciones en Italia.(ABC 20.06.2013)

15 junio, 2013

Eppur si muove

Lorenzo Abadía




moviendo lentamente bajo la aparente normalidad institucional del régimen oligárquico surgido de la Transición. Como si de placas tectónicas se tratase, el lento traslado de la sociedad civil hacia posiciones consideradas hasta ahora como “no útiles”, está generando la posibilidad real de que en la 
sociedad política se produzca un terremoto cuyo epicentro estaría ubicado en el seno de los dos partidos hegemónicos de este régimen: PP y PSOE. Según las últimas encuestas, en unas hipotéticas elecciones europeas mostradas por el diario El País, ambos partidos ya no sumarían la mitad de los votos totales emitidos, es decir, que habrían dejado de ser hegemónicos. Para mayor prueba, en las encuestas catalanas editadas por El Periódico de Cataluña, Ciudadanos igualaría por primera vez al PP.

Hay, para mí, dos datos fundamentales que alientan la esperanza de que esta tendencia no sólo se consolide sino que alcance las cotas necesarias para que de verdad se produzca un cambio real en el sistema político, porque, si bien no he visto en las alternativas ningún programa que se ajuste completamente a los principios representativo, participativo y de separación de poderes que una democracia exige, algunos están bastante cerca de hacerlo y, con la ayuda de alguna otra opción política que pudiera surgir, la reforma política (quizá con un proceso constituyente ciudadano incluido) podría empezar a contemplarse como una verdadera posibilidad.

El primer dato es que lo peor de esta crisis, por desgracia, no  ha pasado ya. Y como verdadera garantía de que esto es así, tenemos que Rajoy dice lo contrario. Ya que todos los ciudadanos debemos sufrir sus consecuencias, al menos permítasenos ver el único lado optimista del rostro de la crisis: si ésta persiste durante un tiempo, el descrédito de la clase dirigente actual, especialmente de quienes nos han llevado hasta donde estamos (PP y PSOE), irá en aumento.

El segundo dato es que es muy probable que el descontento que ha provocado la huida de casi la mitad de los votantes del Partido Popular, no acabase instalándose en la abstención y terminase inclinándose por alguna opción liberal-conservadora que tuviera por axiomas innegociables la necesidad de reformar o eliminar el Estado Autonómico, sustituir la ley electoral existente por una representativa con revocatoria de mandato y establecer una verdadera separación de poderes, requisitos básicos para evitar una nueva creación de otra futura casta política que repita los desmanes de los últimos 35 años.

Pero para que esta deseable posibilidad se transforme en auténtica realidad se precisa de una acción política contundente que sea capaz de unir a una buena parte del asociacionismo y de la ciudadanía en torno a los puntos expuestos. Hoy se dan los factores necesarios para que, esta vez sí, prenda la llama democrática en el ambiente inflamable de la oligarquía. Basta con que aquellos a quienes las circunstancias les han colocado ante la responsabilidad de generar las primeras chispas, lo hagan con generosidad, pensando en sus hijos y no en ellos.

Por su indudable interés y oportunidad, reproducimos este análisis de Lorenzo Abadía, compañero y amigo, publicado recientemente en http://www.mandoadistancia.me



23 mayo, 2013

Muere Georges Moustakí



El autor e intérprete de Le Métèque ha fallecido, a los 79 años, en Niza.


Georges, adieu et merci pour tout