
En esta larga, larguísima campaña electoral que venimos sufriendo es estos últimos meses, asistimos a una suerte de asalto a la cartilla de ahorros de la abuela. Los nietos-herederos (nuestros políticos) compiten en ver quién es más generoso a la hora de dilapidar los ahorros acumulados con tanto sacrificio por la abuela. Como en el caso de aquellos que acumulan hambre atrasada, el juicio se nubla, y lejos de percibir con sensatez las cuestiones más prioritarias, cuanto más clientelar sea el gasto, mejor.
Desde nuestra óptica republicana, la gestión de la cosa pública debe aunar dos características: responsabilidad y austeridad. Responsabilidad, para gestionar con criterios de prioridad. Responsabilidad, para emplear el dinero público en aquellas acciones propias de un estado liberal, a saber: Promover el acceso a la educación en condiciones de igualdad, vigilar por el bienestar social de sus ciudadanos, evitando situaciones de exclusión. Dotar al estado de los recursos necesarios para actuar en aquellas áreas para las cuales está creado: proporcionar la seguridad jurídica y física a sus ciudadanos, y asegurar los medios necesarios para la libre movilidad de las personas. En cuanto a la austeridad, se define esta como “sobriedad, sencillez, sin ningún tipo de alardes”. Por lo tanto, la gestión de los recursos públicos debe huir del exceso, de la ostentación o el abuso por parte de la clase política.
Dicho lo anterior, asistimos atónitos a como un Gobierno presume de superávit en la balanza ingresos-gastos. Se nos dice que alrededor del 2,3% del PIB, mientras se oculta que el incremento de la presión fiscal durante el mandato Zapatero ha sido del 2,6% frente al 0,9% de la Euro zona. En resumen, primero se nos mete la mano en el bolsillo, para después, insinuar que se nos reparte el fruto de la buena gestión fiscal del Gobierno. Y lejos de priorizar y planificar con visión global el gasto público, se desata una espiral de “ocurrencias” que de ser llevadas a cabo dejarán las cuentas públicas seriamente “tocadas” en los próximos ejercicios. Entre las ocurrencias: el “cheque bebé”; el reparto de 400 euros a todos aquellos que hacen declaración de IRPF, excluyendo inicialmente a los autónomos; dentista para todos los menores de 7 años; incremento de las pensiones; ayudas a la emancipación de los jóvenes; ayudas para el alquiler de viviendas, etc.
Sin entrar a analizar esta última parte, pues mucho podríamos decir sobre los fraudes que abonan estas ayudas, así como su ineficiencia para alcanzar los objetivos buscados, y el efecto clientelar buscado de cara al voto, sí debemos destacar el abandono que otras áreas del presupuesto sufren.
Mientras se habla de superávit fiscal, nuestros médicos y enfermeras, formados en un sistema prestigioso, y la vez muy caro, se marchan a Inglaterra, Portugal y otros países, por que después de un proceso formativo muy exigente, cobran salarios de becarios. Mientras se habla de superávit fiscal, los enfermos de los hospitales son atendidos en los pasillos de las urgencias. Mientras se habla de superávit fiscal, los miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, con salarios inapropiados para la función que ejercen, deben trabajar en sus ratos libres como porteros, taxistas, albañiles o en otros oficios más pintorescos. Mientras se habla de superávit fiscal, todo tipo de dependencias públicas, como estaciones, aeropuertos, juzgados, organismos oficiales, son vigilados por vigilantes de empresas de seguridad privada. Y de nuevo, como este colectivo, el de los vigilantes de seguridad, no se destaca por unos salarios y condiciones dignas de trabajo, no es raro que nuestra seguridad, a menudo, esté en manos de personas sobre las que ni siquiera se tiene la certeza de cuales son sus antecedentes personales. Y mientras se habla de superávit fiscal, la Justicia se desacredita en medio del colapso, la falta de medios, y la insuficiencia de alicientes económicos para los funcionarios, y sobre todo, la dependencia política del Gobierno de turno. Ni siquiera se muestra respeto ante el último tránsito vital del hombre. Nos referimos a la muerte. Para aquellos que recientemente hemos visitado el cementerio civil de Madrid, y podríamos extender el comentario a otros, es deplorable el estado en el que se encuentran instalaciones, accesos y viales. Y sobre todo, algunas lápidas. Así en el cementerio civil de Madrid, encontramos en el más absoluto abandono la de Pío Baroja, entre otras. Y si bien es cierto, que el mantenimiento de las lápidas es responsabilidad de los deudos, en dejación de estos, y en casos de personalidades históricas, las administraciones deberían actuar. Y podríamos seguir hablando del estado de conservación y señalización de nuestras carreteras, del ínfimo nivel de dotación de plantilla de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, etc.
Sirva lo anterior, para mostrar que frente al tan cacareado superávit fiscal, este Gobierno, y los que le precedieron, han optado por ir abandonando la prestación de servicios básicos a la ciudadanía. Servicios que tienen que ver con el bienestar y la seguridad física y jurídica, que no pueden ser dejados en manos de terceros.
Y para finalizar, frente al equilibrio y austeridad en la gestión pública, de nuevo, asistimos al exceso y la desvergüenza. Hemos asistido a una legislatura marcada por el uso suntuario de los bienes del Estado. Ministros que se han movido en aviones y helicópteros, como el que se coge un taxi. Un Presidente del Gobierno que ha utilizado aviones de la Fuerza Aérea para ir de compras a Londres, o a ver a su señora actuar en Alemania. De una Ministra que no dudó en decir aquello de que “el dinero público no es de nadie”. De cómo el Sr. Presidente del talante, gasta 271.000 euros en prepararse un cancha de baloncesto para sus vacaciones. O de cómo se cierra la piscina en la que se entrenan los buzos de la Guardia Civil para que su señora se pueda bañar tranquila. Y como traca final, tenemos al ínclito D. Mariano Fernández Bermejo que para dos meses que va a residir, no ha dudado en gastar 250.000 euros en la reforma de un piso del Estado. El desglose del presupuesto nos deja más asombrados. 5.400 euros en macetas. Las habrán traído de los jardines colgantes de Babilonia. 24.000 euros en mobiliario para el baño. Hablando en plata, la taza y el lavabo. Pensamos que la taza del water de D. Mariano debe tener hidromasaje, o efecto spa. Ello explicaría la habitual expresión facial que luce D. Mariano.
Ciertamente amigos y correligionarios, echamos en falta honestidad y austeridad en la gestión de los dineros públicos. Y en la campaña electoral que estamos sufriendo echamos en falta una opción republicana que dignifique la cosa pública. Conscientes somos que con las actuales reglas electorales, lo mejor que podemos hacer es abogar por la abstención. Mientras estén así las cosas, no nos queda más labor que hacer pedagogía de los valores republicanos, para que como dijo D. Manuel Azaña en su discurso en el Campo de Lasesarre, Baracaldo, 14-VIII-1935 quede claro que “El estado no puede pensarse más que en función del Derecho, el derecho del hombre, del hombre libre, encaminado y organizado el estado para la defensa de la individualidad moral de cada ciudadano”.
Garcés.
Desde nuestra óptica republicana, la gestión de la cosa pública debe aunar dos características: responsabilidad y austeridad. Responsabilidad, para gestionar con criterios de prioridad. Responsabilidad, para emplear el dinero público en aquellas acciones propias de un estado liberal, a saber: Promover el acceso a la educación en condiciones de igualdad, vigilar por el bienestar social de sus ciudadanos, evitando situaciones de exclusión. Dotar al estado de los recursos necesarios para actuar en aquellas áreas para las cuales está creado: proporcionar la seguridad jurídica y física a sus ciudadanos, y asegurar los medios necesarios para la libre movilidad de las personas. En cuanto a la austeridad, se define esta como “sobriedad, sencillez, sin ningún tipo de alardes”. Por lo tanto, la gestión de los recursos públicos debe huir del exceso, de la ostentación o el abuso por parte de la clase política.
Dicho lo anterior, asistimos atónitos a como un Gobierno presume de superávit en la balanza ingresos-gastos. Se nos dice que alrededor del 2,3% del PIB, mientras se oculta que el incremento de la presión fiscal durante el mandato Zapatero ha sido del 2,6% frente al 0,9% de la Euro zona. En resumen, primero se nos mete la mano en el bolsillo, para después, insinuar que se nos reparte el fruto de la buena gestión fiscal del Gobierno. Y lejos de priorizar y planificar con visión global el gasto público, se desata una espiral de “ocurrencias” que de ser llevadas a cabo dejarán las cuentas públicas seriamente “tocadas” en los próximos ejercicios. Entre las ocurrencias: el “cheque bebé”; el reparto de 400 euros a todos aquellos que hacen declaración de IRPF, excluyendo inicialmente a los autónomos; dentista para todos los menores de 7 años; incremento de las pensiones; ayudas a la emancipación de los jóvenes; ayudas para el alquiler de viviendas, etc.
Sin entrar a analizar esta última parte, pues mucho podríamos decir sobre los fraudes que abonan estas ayudas, así como su ineficiencia para alcanzar los objetivos buscados, y el efecto clientelar buscado de cara al voto, sí debemos destacar el abandono que otras áreas del presupuesto sufren.
Mientras se habla de superávit fiscal, nuestros médicos y enfermeras, formados en un sistema prestigioso, y la vez muy caro, se marchan a Inglaterra, Portugal y otros países, por que después de un proceso formativo muy exigente, cobran salarios de becarios. Mientras se habla de superávit fiscal, los enfermos de los hospitales son atendidos en los pasillos de las urgencias. Mientras se habla de superávit fiscal, los miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, con salarios inapropiados para la función que ejercen, deben trabajar en sus ratos libres como porteros, taxistas, albañiles o en otros oficios más pintorescos. Mientras se habla de superávit fiscal, todo tipo de dependencias públicas, como estaciones, aeropuertos, juzgados, organismos oficiales, son vigilados por vigilantes de empresas de seguridad privada. Y de nuevo, como este colectivo, el de los vigilantes de seguridad, no se destaca por unos salarios y condiciones dignas de trabajo, no es raro que nuestra seguridad, a menudo, esté en manos de personas sobre las que ni siquiera se tiene la certeza de cuales son sus antecedentes personales. Y mientras se habla de superávit fiscal, la Justicia se desacredita en medio del colapso, la falta de medios, y la insuficiencia de alicientes económicos para los funcionarios, y sobre todo, la dependencia política del Gobierno de turno. Ni siquiera se muestra respeto ante el último tránsito vital del hombre. Nos referimos a la muerte. Para aquellos que recientemente hemos visitado el cementerio civil de Madrid, y podríamos extender el comentario a otros, es deplorable el estado en el que se encuentran instalaciones, accesos y viales. Y sobre todo, algunas lápidas. Así en el cementerio civil de Madrid, encontramos en el más absoluto abandono la de Pío Baroja, entre otras. Y si bien es cierto, que el mantenimiento de las lápidas es responsabilidad de los deudos, en dejación de estos, y en casos de personalidades históricas, las administraciones deberían actuar. Y podríamos seguir hablando del estado de conservación y señalización de nuestras carreteras, del ínfimo nivel de dotación de plantilla de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, etc.
Sirva lo anterior, para mostrar que frente al tan cacareado superávit fiscal, este Gobierno, y los que le precedieron, han optado por ir abandonando la prestación de servicios básicos a la ciudadanía. Servicios que tienen que ver con el bienestar y la seguridad física y jurídica, que no pueden ser dejados en manos de terceros.
Y para finalizar, frente al equilibrio y austeridad en la gestión pública, de nuevo, asistimos al exceso y la desvergüenza. Hemos asistido a una legislatura marcada por el uso suntuario de los bienes del Estado. Ministros que se han movido en aviones y helicópteros, como el que se coge un taxi. Un Presidente del Gobierno que ha utilizado aviones de la Fuerza Aérea para ir de compras a Londres, o a ver a su señora actuar en Alemania. De una Ministra que no dudó en decir aquello de que “el dinero público no es de nadie”. De cómo el Sr. Presidente del talante, gasta 271.000 euros en prepararse un cancha de baloncesto para sus vacaciones. O de cómo se cierra la piscina en la que se entrenan los buzos de la Guardia Civil para que su señora se pueda bañar tranquila. Y como traca final, tenemos al ínclito D. Mariano Fernández Bermejo que para dos meses que va a residir, no ha dudado en gastar 250.000 euros en la reforma de un piso del Estado. El desglose del presupuesto nos deja más asombrados. 5.400 euros en macetas. Las habrán traído de los jardines colgantes de Babilonia. 24.000 euros en mobiliario para el baño. Hablando en plata, la taza y el lavabo. Pensamos que la taza del water de D. Mariano debe tener hidromasaje, o efecto spa. Ello explicaría la habitual expresión facial que luce D. Mariano.
Ciertamente amigos y correligionarios, echamos en falta honestidad y austeridad en la gestión de los dineros públicos. Y en la campaña electoral que estamos sufriendo echamos en falta una opción republicana que dignifique la cosa pública. Conscientes somos que con las actuales reglas electorales, lo mejor que podemos hacer es abogar por la abstención. Mientras estén así las cosas, no nos queda más labor que hacer pedagogía de los valores republicanos, para que como dijo D. Manuel Azaña en su discurso en el Campo de Lasesarre, Baracaldo, 14-VIII-1935 quede claro que “El estado no puede pensarse más que en función del Derecho, el derecho del hombre, del hombre libre, encaminado y organizado el estado para la defensa de la individualidad moral de cada ciudadano”.
Garcés.