
Acababa de subir el post anterior felicitando el año y el teléfono me congela la sangre en las venas. No hay palabras que consuelen tanto dolor. Tan solo cabe el sollozo por una vida apenas vivida, irreversiblemente dilapidada y la solidaridad con una familia cruelmente devastada.
Hoy, entre la bulla de la lotería y las felicitaciones de rigor, el corazón de los miembros del CR3 está de luto. No me queda ánimo ni para blasfemar...
Lo dicho, no hay palabras.