
La frase del socialista Zapatero pronunciada ante el Senado de la vigente partitocracia española fue “la nación es un concepto discutido y discutible”. Una frase incompleta, pues es claro que no se refería a las naciones habitualmente consideradas como la francesa o como la norteamericana. Tampoco se refería a las fantasmagorías de los exaltados catalanistas, vasquistas u otros, que no son discutibles, pues lo que son, es inexistentes. No. Se refería a la Nación Española, no a otras. Fue el 18 de noviembre de 2004 y abrió una gran cantidad de interrogantes, sobre él, sobre las izquierdas españolas y sobre la partitocracia que nos oprime.
No voy a repetir aquí lo que cualquiera puede saber sobre la creación de las naciones modernas como espacios de convivencia entre iguales, orientadas a la consecución de la libertad política, la defensa de los derechos individuales y el progreso y bienestar de las sociedades actuales. Quienes atacan en España la nación no son ni siquiera nacionalistas. Y es que su reclamación no se dirige a ningún afán restaurador, pues jamás hubo naciones en la Península Ibérica, fuera de España y Portugal. Su afán no es proponer nuevas creaciones nacionales, por muy enloquecidas que puedan parecernos, sino negar y destruir las realidades nacionales existentes.
La principal cuestión que se esconde bajo la frase de ZP no es la que nos llevaría a un debate sobre nación y nacionalismo. La principal cuestión estriba en determinar cuando dejaron las denominadas “izquierdas” de tener la libertad, la igualdad y la fraternidad nacionales, entre sus prioridades. Tampoco se trata de establecer una fecha, pues de lo que se trata es de establecer los contornos de un problema. Porque las denominadas “derechas” nunca se distinguieron en parte alguna por su amor al tríptico republicano clásico (Libertad, Igualdad Fraternidad). De ahí que el gran problema para las sociedades europeas, y desde luego para la española, nació cuando las denominadas “izquierdas” pasaron a tener como objetivo primordial la conquista del poder, a cualquier precio, dejando de sentir como prioritaria la reivindicación de la libertad política, la igualdad ciudadana y la fraternidad social.
Tras la Primera Guerra Mundial (1914-1918) el siglo XX conoció algunas de las más terribles tiranías que la historia recuerda. El socialismo nacionalista de Stalin en la URSS, el nacional-socialismo de Hitler en Alemania, conforman los paradigmas que resucitaron, en el siglo XX, el discurso de "todo para el pueblo, pero sin el pueblo". Socialismo nacionalista, nacional socialismo: mesianismos de extermino. Nacionalismo y socialismo, fundamentos básicos de las más horribles tiranías que la humanidad jamás padeció. Ahí se fraguó la crisis teórica de las denominadas “izquierdas”, con la primacía de un obrerismo que abandonó totalmente los ideales de libertad. El daño producido en la ideología tradicional de la izquierda por la práctica de políticas reaccionarias por socialistas y comunistas ha sido inmenso. Las denominadas “izquierdas” obreras se dedicaron a la práctica de políticas directamente contrarias a la libertad, a la igualdad y a la justicia social; a la práctica de políticas de corrupción generalizada; a la práctica de políticas que no han retrocedido ni ante el crimen de Estado. Políticas muy poco de “izquierdas”, en su sentido clásico.
Así hemos tenido que ver el apoyo y simpatía de las izquierdas hacia las dictaduras del ya extinto bloque soviético, o hacia la Cuba castrista, en lugar haberse centrado en la defensa de la libertad, sin concesiones. O a la sintonía con movimientos nacionalistas de carácter etnicista, racista o fundamentalista en Europa, en lugar de haber sido intransigentes respecto al principio de igualdad. En fin, ese permanente plegarse de la izquierda institucionalizada al puro y exclusivo afán de poder, desprovisto de cualquier contenido programático o ideológico, han llevado a las izquierdas en toda Europa, y también en España, a su situación actual.
Y hoy, el socialismo en España, nos plantea romper la nación y disgregar la igualdad ciudadana, para ceder a la reivindicación de privilegios por los catalanistas y los vasquistas, prescindir de la tenue libertad que hay en España, para mejor acomodarse a los propósitos despóticos de los caciques de Cataluña y Vascongadas, y quebrar la Seguridad Social. Y a eso le llaman progresismo. Y para defendernos de esa monstruosa política, que no busca otra finalidad que mantener al PSOE en el poder a costa de lo que sea, sólo disponemos del PP, un partido que no siente ningún aprecio ni por la libertad, ni por la igualdad, ni por la fraternidad, aunque intenta hacer bandera propia de la defensa de esos valores en los que no cree.
Pla (miembro del CR3)